En otro lugar, a 9000 kilómetros, una chica (que bien podría haber sido grabada por Pablo), graba cada día un segundo de video, durante un año, y luego lo edita todo junto y hace una película maravillosa.
Romper los formatos. Innovar. Contar historias. Hacer reir, llorar, sentir. Es por todo esto que amamos internet.
Somos una generación audiovisual. Nos hemos criado con imágenes. Hemos aprendido casi todo de las películas, los videos, las fotografías.
Lo bonito de esto es la enorme consciencia que tenemos de la imagen y de lo que evoca, pero más que eso, la capacidad de reproducir esos momentos.
Me atrevería a decir que vivimos con el objetivo de reproducir recuerdos e imágenes que se agolpan en nuestra cabeza. De revivir aquella sensación, color o momento que vimos en una película.
A veces ocurre algo maravilloso y no solo tenemos la oportunidad de vivir en esos momentos que parecen sacados del pasado y que, al tener ya un referente, los vivimos más intensamente, como si fuéramos protagonistas de un filme antiguo, sino que dejan de ser una imitación para convertirse en momentos veraces, maravillosos, mágicos. En esos momentos, si alguien lo está filmando de la forma adecuada, entras a formar parte de esas imágenes que más tarde serán los sueños y recuerdos que alguien más busque reproducir. Pasas a formar parte de la cultura audiovisual colectiva.
Juan Rayos es condenadamente buen realizador. Su trabajo junto a las Longboardgirls le hace ser el doble de bueno. Este video no podría ser más perfecto ejemplo de mi tonta teoría.
Las enormes posibilidades narrativas de una cámara que graba en 360 grados y donde el espectador puede elegir donde mirar, donde escuchar, donde poner su atención… No podemos esperar a que esto se normativice y podamos hincarle el diente para alguna historia.
En un guión que tengo en la cabeza desde hace años, se narra la historia de tres generaciones de mujeres norteamericanas, desde los años 40.
En la primera secuencia, una preciosa niña negra en un delicado vestido blanco de domingo juega en los escalones de una iglesia de tablas blancas. Hace sol. Las calles están desiertas.
Un coche pasa a toda velocidad. Suena un disparo. Las tablas pintadas se tiñen de rojo.
Estas increíbles fotografías sacadas entre 1939 y 1943 son un documento impresionante, sobre todo porque son en color. Y se parecen demasiado a las imágenes de mi historia. Ojalá podáis verla algún día hecha realidad.
El resto de imágenes AQUÍ. (gracias a Sergio de Pazos)