Spheres of fury
22/07/2010De estas veces que va alguien y hace algo que te hubiera encantado hacer a ti.
Los chicos de Riot Cinema hablan de cine.
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Dvein, uno de nuestro animadores preferidos made in Spain ha rediseñado parte de la identidad corporativa visual del canal Sy Fy.
Lovely. Isn’t it?
Los primeros 30 segundos de este video son una película. Lo tienen todo: lugares exóticos, un conflicto, suspense y muerte.
El resto es una obra maestra del diseño de información.
Cada bip de fondo es un mes. Cada círculo… una bomba atómica. De 1945 a 2003.
Nos quedamos con dos cosas. La primera es este gráfico con datos “curiosos”:

La segunda es el ejemplo de que el cine tiene una conexión con la realidad mucho mayor de lo que imaginamos. ¿O al revés? ;)
Nos alegra que casi todo el mundo piense igual que nosotros (aunque, para que engañarnos, también nos gustaría tener uno)

Hace unos meses comenzamos a trabajar con Jaume Ripoll, director editorial de Cameo, en varios frentes. Uno de ellos era El Cosmonauta, que ellos van a distribuir. El otro, el relanzamiento de Filmin, el portal de video bajo demanda.
Acabó resultando que Vostok les rediseñó la página (han hecho un trabajo increíble que merece la pena ver) y a nosotros nos encargaron la campaña de lanzamiento.
Comenzamos hace un par de semanas y durará hasta octubre, dividia en dos partes. Vamos a regalar cerca de 25.000 códigos para ver películas gratis y que podáis probar lo rápido que va y la calidad que tiene. De momento, lo que ya hemos hecho público son dos spots, para uno de los cuales hicimos un concurso de las 13 referencias cinéfilas que habíamos introducido en él. Ya se ha acabado, pero todavía podéis buscarlas y comparar luego con los resultados.
Y de paso, decirnos que os parecen los videos, de los que estamos muuuuy orgullosos.
Cuando hablamos de nuevas formas de hacer publicidad, hablamos de esto:
La empresa de pinturas Dulux gastó 6.500 litros de pintura y contrató a 650 personas para pintar barrios marginales de colores.
Luego hizo este video y nos ganó a todos (y de paso, a la competencia).
Visto en: http://luchina.wordpress.com/
Debemos ser los últimos, pero por fin tenemos nuestro bote de lacasitos de Tuenti :)

Hmmmm ñam! Gracias Ícaro :D
Ayer estuvimos rodando varios spots para la campaña que estamos preparando para el portal de video bajo demanda Filmin. Así trabajamos:
YouTube, el mayor portal de vídeo online, anunciaba recientemente que está comenzando a realizar pruebas para proveer vídeos sin necesidad de Flash, utilizando en su lugar tecnología HTML 5. A los pocos días, Vimeo, uno de sus grandes competidores, anunciaba una iniciativa similar. Estas dos medidas vienen precedidas por la que llevó a cabo el conocido portal Dailymotion en junio del año pasado, que se convertía así en el pionero en ofrecer vídeos online a gran escala sin necesidad de Flash.
Pero, ¿qué es eso de HTML y Flash? HTML es el lenguaje que utilizan internamente las páginas web para describir su contenido. Su cuarta versión es un estándar internacional que, con mayor o menor fortuna, implementan todos los navegadores web actuales —como Firefox, Internet Explorer o Safari—. El problema es que, a diferencia de lo que ocurre con el texto o las imágenes, HTML 4 no permite especificar que se desea mostrar un vídeo en una página web. El lenguaje simplemente no provee una forma de hacerlo. Así pues, hasta ahora, el vídeo en la web ha sido sólo posible mediante plugins o añadidos de terceros: pequeñas aplicaciones, ajenas al navegador web, que habitan en éste y se insertan en las páginas para realizar una determinada función.
Adobe Flash es el plugin mayoritariamente escogido para suplir la carencia de vídeo en HTML 4. Sin embargo, su uso tiene una serie de graves inconvenientes: funciona con lentitud, consume gran cantidad de recursos del ordenador, añade inestabilidad al navegador, puede introducir nuevos agujeros de seguridad, provoca errores, etc. La buena noticia es que la nueva versión de HTML viene a paliar la carencia de vídeo de HTML 4 (entre otras muchas cosas). HTML 5 posibilita insertar vídeo en una página web de forma directa y natural o, como suele decirse, de forma nativa.
El problema surge con los formatos de vídeo. O, más técnicamente, con los códecs o codificadores —como MPEG-2 o el popular DivX—. Cada vídeo se codifica con un códec concreto y, para visualizarlo (descodificarlo), es necesario contar con ese mismo códec. Hasta ahora, el plugin Flash se ocupaba de la descodificación. Con la transición a HTML 5 y su implementación nativa del vídeo, la descodificación se convierte en tarea del navegador web. El conflicto surge debido a que la especificación de HTML 5 no recomienda ningún codificador en particular y, sin embargo, el consenso en este asunto es fundamental: lo deseable es, obviamente, que todos los navegadores web implementen un mismo codificador. De lo contrario, se estaría obligando a las páginas web a suministrar varias versiones de sus vídeos, con el consiguiente desperdicio de recursos.
A pesar de lo que pudiera parecer, la elección de un codificador para el vídeo con HTML 5 no es obvia. El futuro del vídeo en la web depende en gran parte de esta decisión, en la que influyen tanto factores puramente técnicos como poderosos intereses económicos. Pero de esto hablaremos ya en la segunda parte de este artículo.
Nota del autor. Debido a su carácter eminentemente divulgativo, en este artículo se cometen varias imprecisiones técnicas y generalizaciones de forma deliberada.
Estábamos haciendo pruebas para el nuevo video que estamos produciendo para Unience, intentando que pareciera que un muñequito en 8bit tecleaba en un portátil.
El resultado ha sido este… Y hemos decidido hacer más pruebas x)

Mucho se ha hablado en internet sobre este nuevo fenómeno. Lo hemos probado, y nos encanta.
Y alguien ha hecho una totally awesome movie que nos ha explicado muchas cosas :)
chat roulette from Casey Neistat on Vimeo.
Hace ya un par de semanas que Gonzalo Martín estrenara el nuevo e impresionante look de su web.
Por lo mucho que tiene que ver con nuestra película, por lo fans que somos de sus posts y todo lo que hemos aprendido leyéndolos y por lo que mola en general, nuestro brindis desde aquí para esta nueva etapa :)
chin chin
Hace un par de días tuvimos noticia de una joven canadiense llamada Kamal Dhillon, cuyo ensayo sobre el siempre controvérsico tema de las descargas de contenidos ya ha dado la vuelta al mundo. Lo que comenzó siendo tan sólo una muestra de la brillantez y preclaridad de su autora ha terminado convirtiéndose en una prueba más de la capacidad de propagación con la que hoy día cuentan Internet y las redes sociales.
Originalmente, el texto no tenía mayores pretensiones que las de ser otro más de tantos trabajos asignados durante la clase de ética en la Balmoral Hall School. No obstante, su conspicua calidad provocó que terminase ganando un concurso de redacción organizado a nivel provincial por la Universidad de Manitoba, gracias al cual también tuvo la oportunidad de que figurase en el periódico local Winnipeg Free Press. El resto, como ocurre en la mayoría de fenómenos virales que presenciamos cada día, es historia. A continuación, reproducimos una traducción del mismo cortesía del diario El Confidencial:
MILLONES de personas, en su mayoría jóvenes aunque no todas, intercambian o descargan archivos. Las corporaciones multinacionales que comercializan este material no están satisfechas con cómo van las cosas. Sus beneficios se ven amenazados y ellos, a su vez, están amenazando con demandar, pidiendo grandes cantidades de dinero, a las personas que participan en el intercambio de archivos.
Yo estoy a favor de compartir archivos y creo que el intercambio de obras registradas con derechos de autor, probablemente produzcan, en general, más bien que mal para la sociedad.
En muchas zonas del mundo, por ejemplo, en los Estados Unidos, descargar o compartir este tipo de archivos es ilegal. Todo el mundo sabe que es ilegal descargar películas, juegos y música sin pagar. ¿Por qué, entonces, tantas personas ignoran las leyes de propiedad intelectual?
En parte, porque la gente se cuestiona si la ley que lo prohíbe se justifica moralmente. El hecho de que algo sea ilegal no significa que sea necesariamente inmoral. En todo el mundo, los jóvenes se están cuestionando los principios de las leyes que les prohíben compartir esos archivos. Se infringen las leyes de derechos de autor, en parte porque se cree que estas leyes son injustas.
Y no sólo pensamos que las leyes de copyright son injustas, también sabemos que es muy fácil violarlas; y para los jóvenes y los estudiantes con poco dinero, a veces sin fondos, el atractivo de estos métodos, con posibilidades mínimas de ser capturado, es algo demasiado buena para dejarlo pasar.
Desde un punto de vista práctico, tratar de regular la distribución de estos materiales a través de Internet es un objetivo inalcanzable. No importa cuántas leyes se pongan en marcha, los avances tecnológicos desempeñados por los jóvenes hasta la fecha, demuestran que la juventud estará siempre un paso por delante de las autoridades. La industria puede conseguir enjuiciar y castigar a unas pocas personas, pero su éxito será de corta duración. Casi nadie se verá frenado por los procesos jurídicos, porque las posibilidades de ser capturado infraganti son mínimas.
Igual de importante, sin embargo, es que muchos jóvenes crean que es moralmente aceptable compartir música, películas y juegos con los demás. Las reclamaciones de una industria que se enfrentan a la ruina ignora el hecho de que compartir archivos representa también nuevas oportunidades (si fueran suficientemente inteligentes como para verlo). Hace veinte años la industria del cine se opuso a la introducción de los reproductores de vídeo. Fueron muy cortos de miras. Resulta que el vídeo era una de las mejores cosas que le podía suceder a la industria cinematográfica.
Descargas y ventas
Recordemos, también, que una copia descargada no equivale necesariamente a una venta perdida. Gran parte del material que se descarga se prueba y se elimina posteriormente. Esto no implica que quien haya descargado algo habría estado dispuesto a pagar por ello si no hubiese estado disponible gratis en internet.
Los internautas están siendo amenazados por aprovecharse de una tecnología innovadora que nos permite disfrutar de la muestra y los medios de comunicación de forma gratuita, pero también estamos contribuyendo a las ventas de todos esos medios a través de métodos alternativos. Una publicación reciente, un estudio de hace tres años sobre el intercambio de música en Internet, concluyó que el 95% de todas las descargas son ilegales. Sin embargo, el negocio de la música digital en todo el mundo creció en un 25% en 2008 – el sexto año consecutivo en que ha aumentado. Compartir archivos, lejos de destruir la industria, puede salvarla. Y muchos artistas desconocidos tienen ahora al menos alguna posibilidad de ser escuchados. Lo mismo vale para aquellos que crean películas y juegos.
En Canadá, la descarga de material con derechos de autor para uso personal a través del intercambio, también conocido como peer-to-peer, es legal. Subir ese material a la red, sin embargo, no lo es. La legislación canadiense por lo tanto presenta una situación ‘catch-22’. Se permite descargar cuanto sea aunque tenga derechos de autor, pero la persona que lo hace posible subiendo ese material, está violando la ley.
Esto no tiene mucho sentido, sobre todo teniendo en cuenta que Canadá planteó al mismo tiempo un enfoque más realista, junto con al menos otros 25 países. Me refiero al canon que se les cobra a los consumidores sobre los medios de grabación, tales como iPods, reproductores MP3 y soportes vírgenes de grabación de audio como CD-R, en un esfuerzo por compensar a los artistas de los ingresos perdidos debido a la copia privada de los consumidores.
De esta manera, en Canadá se ha dado un paso hacia la búsqueda de un equilibrio razonable entre la protección de los titulares de derechos de autor sin minar la libertad de los consumidores para que descarguen obras con derechos de autor.
Préstamos y copiasComo sociedad, tenemos que recapitular sobre las leyes de derechos de autor. Si yo compro un libro, y se lo presto a un amigo, ¿debe cobrárseme un canon a mí porque ellos han preferido no pagar por el libro? No, porque se considera un uso justo. ¿Qué pasa si en lugar de tener que quedar para prestarle el libro, le permito a mi amigo que se haga una copia para poder tenerlo siempre? Esto se considera una infracción de copyright, aunque las consecuencias de ambas situaciones son prácticamente las mismas. Y en el caso de que decidiera hacer copias del libro, y venderlas; sería una flagrante violación de la ley y considerada como una ladrona. Ningún usuario del P2P está haciendo el dinero con el intercambio de archivos. Ya se trate de un grado de separación o de 1.000, si compartir es moralmente justificable en un caso, ¿por qué no está también justificado en otros casos similares? ¿Qué pasa con los préstamos de un CD o un DVD, o el uso del PVR? Tan pronto como algo que se lanza en el ámbito público, se considera “compartido”, y si soy capaz de compartir con un amigo, por qué se convierte en malo si lo comparto con muchos?
Alguien crítico podría argumentar que un préstamo es diferente de una copia – Sin embargo, esta afirmación se basa en un mero tecnicismo. Si puedo acceder al material cuando quiera de forma gratuita, ¿qué más da si permanece en mi poder, o con un amigo? Tal vez ese alguien responderá que compartir un objeto física con un amigo cercano es completamente distinto a colgarlo en Internet para un número indeterminado de extranjeros que tendrán acceso. Pero, ¿es compartiendo archivos realmente la única manera de hacer esto? YouTube permite a los usuarios colocar fragmentos de películas y canciones enteras, para una audiencia mundial – de forma totalmente gratuita.
La sociedad se ha beneficiado en general de intercambio de archivos. La gente sin mucho dinero ahora puede disfrutar de la música y las películas. Artistas desconocidos han encontrado una audiencia. Artistas famosos todavía hacer mucho dinero de las giras. Y si la industria se adapta, seguramente también se beneficiarían.
Así pues, prohibir el intercambio de archivos nunca funcionará. Además, es injusto, incoherente e irracional.
Hace un par de meses os hablábamos de TED, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la “difusión de ideas que valen la pena” y de su fantástico sitio web, donde pueden verse y descargarse más de 400 interesantes charlas de toda índole.
Por si no os pareció suficiente, hoy os traemos una impresionante lista confeccionada por los chicos de Open Culture, que incluye cerca de 50 sitios web con vídeos de carácter cultural y educacional. En la lista encontraréis desde vídeos creados específicamente para plataformas educacionales de internet como Babelgum o Big Think, hasta contenido de productoras audiovisuales, como la cadena de televisión norteamericana PBS o la australiana ABC.

El artículo de Open Culture que incluye la mencionada lista se titula Educational Video: The Top Cultural & Educational Video Sites y podéis encontrarlo en este enlace.
Nuestro amigo y colaborador Atlas ha tenido a bien seleccionarnos algunos extractos del libro Down and Dirty Pictures (en castellano, Sexo, Mentiras y Hollywood) de Peter Biskind. Hope you enjoy them!
Hollywood favorecía el espectáculo, la acción y los efectos especiales; los independientes, en cambio, trabajaban a una escala más íntima, dando prioridad al guión y haciendo hincapié en los personajes y en la puesta en escena. Allison Anders (Área de Servicio) lo expresó magníficamente cuando describió su propia estética. Anders decía que la historia parecía una “cuerda de tender la ropa. Me interesa lo que cuelga de la cuerda, no la cuerda en sí. En su mayor parte, las películas de Hollywood tratan de la cuerda”. Si Hollywood reflejaba el gusto popular, al que le hacía el juego, los independientes trabajaban sin pensar en el público, y si encontraban un público, era por milagrosa casualidad y muy probablemente se trataba de un mercado sumamente específico, no de un público masivo. Del mismo modo, si las películas de Hollywood se insertaban en un sistema económico que amortiguaba el riesgo con mercados secundarios o auxiliares, los independientes se lanzaban de cabeza –a menudo tontamente– sin pensar en la distribución. Trabajaban sin red.
El cine independiente existía en el hueco entre los rodajes de las películas de Hollywood, es decir, se preocupaba de lo que Hollywood dejaba fuera.
En palabras de Soderbergh: “Las películas de género son un escondite magnífico. Se puede jugar a dos niveles. El público asiste a ver cierta clase de película y se complace con la satisfacción que le producen los géneros específicos. Entretanto, puedes permitirte incluir algunas de tus preocupaciones personales sin que la película se vuelva pretenciosa o aburrida”.
Esta competencia feroz, junto con las obsesiones gemelas de lo jóvenes y los nuevos, implica que las oportunidades de fallar son pocas, con lo cual nadie aprende de los errores. No hay sistema de aprendizaje. “La mayoría de los chicos de los años setenta se limitaron a juntar mierda a paladas para Roger Corman; aprendieron el oficio mucho antes de encontrar su voz” dice James Schamus. “Spielberg hizo muchísima televisión; la gente no tiene la menor idea. En cambio, ahora, si le dices a alguien de la Universidad de Nueva York que haga un poco de televisión, es como decirle: Fuera de mi vista”.
Se suponía que Sundance era el encargado de llenar ese hueco, pero hay una gran diferencia entre trabajar para Corman y trabajar en un taller de Sundance, que dura tres semanas como máximo. Son pocas las óperas primas originales, esfuerzos que terminan en el cajón o que se queman por falta de oportunidades o porque hay muy pocas. O, para decirlo de otra manera, el cine independiente es casi exclusivamente un cine de primeras películas. La psicología del independiente norteamericano ha suplantado a la psicología del autor”, prosigue Schamus. “Para mí no es importante que Sundance, en cuanto cultura, haya infantilizado peligrosamente el concepto de autoría, porque la idea predominante es que, cuando se tiene diecisiete o dieciocho años ya eres bastante auteur si eso es lo que vas a ser; si no lo eres, estás perdiendo el tiempo. Si le aplicas esa idea a alguien como Coppola, creo que nunca habría llegado a ser Coppola. ¿Qué podría haber dicho él a los veinte años? Tu primera película independiente tiene que ser tu película, tu voz. Por eso ahora la presión empieza en cuanto dejas de usar pañales y decides ser un artista. El proceso está convirtiéndose en una broma un tanto macabra.
Si la primera película tiene éxito, el director recibe una avalancha de elogios y de ofertas que (él, y con menos frecuencia, ella) no puede rechazar. Añade Kevin Smith: “Un director independiente tiene que producir algo que esté a la altura del bombo creado por lo último que hizo, de lo que él mismo ha auspiciado. La presión es enorme, y la vida es demasiado corta para controlarla”. Si por el contrario, la primera película es un fracaso, recaudar fondos para la siguiente se convierte en una paliza sin tregua, consistente más que nada en pedir limosna y economizar. Hay tantos directores detrás de tan poco dinero, que hacer la segunda o tercera película puede ser más difícil que hacer la primera. En cualquier caso, el director, como casi todo el mundo sabe, deja de vivir la vida. Si la primera película trata de “mi vida hasta la fecha”, las siguientes no tratarán de nada o, si uno es Charlie Kaufman, el guionista de Cómo ser John Malkovich, serán totalmente reflexivas, acerca del hecho de escribir un guión, por ejemplo.
Magnífico artículo y, por extensión, elenco de ideas el que nos plantea Enrique Meneses en su blog. El fotoperiodista comienza retrotrayéndonos a los años 50 y 60, en los que la polémica ya estaba servida cuando las agencias y publicaciones consideraban que al comprar la obra detentaban sus derechos para siempre. Hasta un 50% de los beneficios les podían arramblar a los pobres free-lance. No obstante, gracias a la revolución de Internet y a escaparates como Flickr, los ingresos han comenzado a cambiar de procedencia. A la venta directa tradicional a los medios informativos se suman ahora también el coleccionismo y las exposiciones. Entre otras alternativas de las que obtener usufructo podríamos incluir a las conferencias, la edición de libros o la venta de copias numeradas a las instituciones. Son precisamente estas últimas quienes más benefician el acceso a la cultura de forma gratuita.
Aplicando esta visión al sector musical, comienza aseverando que la gran variedad de manifestaciones artísticas que actualmente se encuentran disponibles de forma gratuita supone algo muy positivo. Sin embargo, también comparte la tesis de que los autores han de ver su trabajo convenientemente retribuido. Para explicar la posible convivencia de ambos postulados establece una brillante metáfora: “el P2P siembra y permite recoger la posterior cosecha“. Llegados a este punto, centra sus acusaciones en los intermediarios del asunto, las discográficas, que últimamente están comprobando cómo sus ingresos se ven cada vez más mermados. En contrapartida, los músicos siguen recibiendo retribución por su trabajo gracias a los conciertos. Enrique concluye este punto señalando que los creadores no son víctimas del público, sino de los industriales de la música y el espectáculo, que los explotan únicamente en su propio beneficio.
Finalmente, termina denunciando la situación ocurrida hace unos días, en la que se antepone el anticonstitucional recurso de cerrar webs a la búsqueda de nuevas fórmulas que permitan retribuir a los creadores alentando a los principiantes y recompensando a los consagrados. En esa línea, plantea una serie de preguntas muy interesantes que reproducimos a continuación, para que cada uno se plantee el tema y adquiera un criterio racional al respecto:

Hace tiempo, y gracias a un candente hilo iniciado en el Focoforo, tuvimos noticia de este esclarecedor artículo publicado hace unos días por El Mundo a tenor del estreno en cines de la película Soy un Pelele.
Sobre la película en sí, poco queda por decir ya que no haya sido dicho anteriormente. A la información publicada por El Mundo y los comentarios vertidos por las mentes preclaras que pueblan el Focoforo, podrían sumárseles la entrada que Nacho Vigalondo le dedicó en su blog… y el sicalíptico teaser disponible en la web oficial de la película.
Mucho más instructiva resulta la sección de Trampas y Cifras con la que Luis Alemany concluye su artículo:
Para poder terminar al menos con un buen sabor de boca, nos permitimos recomendar al lector el visionado de la que constituye la obra culmen de ese inefable dúo cómico que participa en Soy un Pelele: los Hermanos Calatrava. Referímonos, por supuesto, a ese portento de la cinematografía patria conocido como El E.T.E. y el Oto (disponible en el wonderfuloso blog de Jack Shadow). Y si todavía tiene usted ganas de más, el abundante repertorio de tamaña pareja artística, recogido en los diversos volúmenes de Spanish Bizarro, hará las delicias de los tímpanos más exigentes.
Estas son nuestras predicciones para los próximos diez años de cine. Puedes leer el resto del artículo en We Love Cinema.
La fotografía es de Aida Páez
Queridos Reyes Magos, esta es nuestra lista de deseos:
- Transmedia será una palabra de uso común
- El formato de 90 minutos tenderá a ser sustituido por más piezas más cortas
- Los cines tendrán dos vertientes: unos seguirán siendo supersalas para grandes películas de espectáculo y llegarán a estos lugares el fútbol, los conciertos y los videojuegos. Otros reconvertirán sus instalaciones y harán multitud de pequeñas salas con capacidad para diez o doce personas que se podrán alquilar entre varios amigos y seleccionar cualquier película de la historia del cine en un catálogo. La oferta, la intimidad y la posibilidad de comer y beber en estos espacios harán que se conviertan en un éxito entre los jóvenes como punto de encuentro el fin de semana.
- El 3D, tras el boom inicial, serán usadas solamente en películas que lo justifiquen y como recurso narrativo, no como incentivo para acudir a las salas.
- Serán eliminados de la cadena de producción muchos intermediarios. Los cineastas tendrán espacios en la red donde exhibir sus obras y el consumo se dirigirá hacia estos lugares, basados en recomendaciones de los usuarios y de personas relevantes.
- Surgirán nuevos modelos de monetización de los contenidos mediante tarifas planas y valor añadido.
- Las marcas comenzarán a involucrarse más en los contenidos, pero sin ser invasivas o molestas. Serán contenidos “ofrecidos gracias a…”
- La publicidad de preroll y los banners desaparecerán.
- Los cineastas empezarán a entender que el proceso de fabricación de su película comienza mucho antes del rodaje, contactando con el futuro público y siendo permeable a sus opiniones y reacciones.
- Las redes sociales jugarán un papel crucial en el éxito o fracaso de una película y el papel del crítico quedará relegado a un público especializado. Importará más lo que diga Aston Kutcher que Carlos Boyero.
- El móvil pasará a ser un elemento imprescindible en el papel de la nueva distribución.
- Las películas pasarán de la calle (cines) a Internet, pero se crearán experiencias (ARGs, estrenos, fiestas, juegos) que llevarán al espectador de vuelta a la calle.
- Se abaratarán y crecerá el consumo de grandes pantallas o proyectores y potentes sistemas de sonido que harán de la experiencia de ver cine en casa algo parecido a la experiencia en una sala.