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Down and Dirty Pictures

31/01/2010

Nuestro amigo y colaborador Atlas ha tenido a bien seleccionarnos algunos extractos del libro Down and Dirty Pictures (en castellano, Sexo, Mentiras y Hollywood) de Peter Biskind. Hope you enjoy them!

downdirtyHollywood favorecía el espectáculo, la acción y los efectos especiales; los independientes, en cambio, trabajaban a una escala más íntima, dando prioridad al guión y haciendo hincapié en los personajes y en la puesta en escena. Allison Anders (Área de Servicio) lo expresó magníficamente cuando describió su propia estética. Anders decía que la historia parecía una “cuerda de tender la ropa. Me interesa lo que cuelga de la cuerda, no la cuerda en sí. En su mayor parte, las películas de Hollywood tratan de la cuerda”. Si Hollywood reflejaba el gusto popular, al que le hacía el juego, los independientes trabajaban sin pensar en el público, y si encontraban un público, era por milagrosa casualidad y muy probablemente se trataba de un mercado sumamente específico, no de un público masivo. Del mismo modo, si las películas de Hollywood se insertaban en un sistema económico que amortiguaba el riesgo con mercados secundarios o auxiliares, los independientes se lanzaban de cabeza –a menudo tontamente– sin pensar en la distribución. Trabajaban sin red.

El cine independiente existía en el hueco entre los rodajes de las películas de Hollywood, es decir, se preocupaba de lo que Hollywood dejaba fuera.

En palabras de Soderbergh: “Las películas de género son un escondite magnífico. Se puede jugar a dos niveles. El público asiste a ver cierta clase de película y se complace con la satisfacción que le producen los géneros específicos. Entretanto, puedes permitirte incluir algunas de tus preocupaciones personales sin que la película se vuelva pretenciosa o aburrida”.

Esta competencia feroz, junto con las obsesiones gemelas de lo jóvenes y los nuevos, implica que las oportunidades de fallar son pocas, con lo cual nadie aprende de los errores.  No hay sistema de aprendizaje. “La mayoría de los chicos de los años setenta se limitaron a juntar mierda a paladas para Roger Corman; aprendieron el oficio mucho antes de encontrar su voz” dice James Schamus. “Spielberg hizo muchísima televisión; la gente no tiene la menor idea. En cambio, ahora, si le dices a alguien de la Universidad de Nueva York que haga un poco de televisión, es como decirle: Fuera de mi vista”.

Se suponía que Sundance era el encargado de llenar ese hueco, pero hay una gran diferencia entre trabajar para Corman y trabajar en un taller de Sundance, que dura tres semanas como máximo. Son pocas las óperas primas originales, esfuerzos que terminan en el cajón o que se queman por falta de oportunidades o porque hay muy pocas. O, para decirlo de otra manera, el cine independiente es casi exclusivamente un cine de primeras películas. La psicología del independiente  norteamericano ha suplantado a la psicología del autor”, prosigue Schamus. “Para mí no es importante que Sundance, en cuanto cultura, haya infantilizado peligrosamente el concepto de autoría, porque la idea predominante es que, cuando se tiene diecisiete o dieciocho años ya eres bastante auteur si eso es lo que vas a ser; si no lo eres, estás perdiendo el tiempo. Si le aplicas esa idea a alguien como Coppola, creo que nunca habría llegado a ser Coppola. ¿Qué podría haber dicho él a los veinte años? Tu primera película independiente tiene que ser tu película, tu voz. Por eso ahora la presión empieza en cuanto dejas de usar pañales y decides ser un artista. El proceso está convirtiéndose en una broma un tanto macabra.

sexomentirasSi la primera película tiene éxito, el director recibe una avalancha de elogios y de ofertas que (él, y con menos frecuencia, ella) no puede rechazar. Añade Kevin Smith: “Un director independiente tiene que producir algo que esté a la altura del bombo creado por lo último que hizo, de lo que él mismo ha auspiciado. La presión es enorme, y la vida es demasiado corta para controlarla”. Si por el contrario, la primera película es un fracaso, recaudar fondos para la siguiente se convierte en una  paliza sin tregua, consistente más que nada en pedir limosna y economizar.  Hay tantos directores detrás de tan poco dinero, que hacer la segunda o tercera película puede ser más difícil que hacer la primera. En cualquier caso, el director, como casi todo el mundo sabe, deja de vivir la vida. Si la primera película trata de “mi vida hasta la fecha”, las siguientes no tratarán de nada o, si uno es Charlie Kaufman, el guionista de Cómo ser John Malkovich, serán totalmente reflexivas, acerca del hecho de escribir un guión, por ejemplo.

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